Viva la Pepa
Un objetivo común había llevado al pueblo y a los principales grupos de notables locales a desarrollar las Juntas contra la invasión napoleónica. A pesar de esta premisa, la Junta Suprema, nacida para organizar el Estado en ausencia del rey, ocultaba distintas ideologías que chocaron en su labor más importante: la organización de unas Cortes que permitieran desarrollar económicamente el proyecto político y bélico que representaba.
La convocatoria a Cortes trató de legitimar a la Junta Suprema Central nacida de los levantamientos. Para los conservadores, el llamamiento era innecesario, ya que la Junta no podía tener atribuciones soberanas. Para los liberales, la insurrección tenía un carácter revolucionario y reclamaba como elemento integrador la soberanía nacional. Por ello, eran constituyentes en sí mismas. Si el Estatuto de Bayona ya supuso la ruptura con el Antiguo Régimen, ahora, era también necesaria una respuesta frente al invasor en el terreno político.
Viento a favor
Dos elementos favorecieron ese clima liberal en que se gestó la Constitución. Primero, la simple condición de ciudadano era suficiente para obtener representación. Segundo, las Cortes podían autodeterminar su funcionamiento. Es decir, los diputados eran depositarios de la soberanía nacional sin haber sido proclamados por el rey.
Desde 1810 a 1813, la principal función de las Cortes de Cádiz fue la desmembración del Antiguo Régimen. Finalmente, el 19 de marzo de 1812, festividad de San José -de ahí que se la conociera como la Pepa-, se aprueba la Constitución con un nuevo modelo político: la monarquía parlamentaria. En sus 384 artículos, se establece la soberanía nacional, la división de poderes y la limitación del poder real; el funcionamiento político unicameral y el sufragio universal indirecto para varones mayores de 25 años. Además, se reconoce la definición de ciudadano, la inviolabilidad del domicilio y la libertad de imprenta.
Una Iglesia descontenta
La previsible derrota de los franceses supuso la reorganización de los grupos ligados al Antiguo Régimen que se habían visto superados por la labor de Cádiz. La Constitución había establecido la confesionalidad del Estado, pero abolió la Inquisición, el régimen señorial, los gremios y creó un marco jurídico que justificaría más desamortizadores. No todos los estamentos estarían de acuerdo. El decreto que abolía la Inquisición fue objeto de una intensa campaña de desobediencia pública. El clero combatió con todas sus fuerzas contra lo dispuesto en Cádiz. “El pueblo no piensa, sólo obedece. Darle libertad es conducirle a la anarquía”, dijo entonces Víctor Sáez, vicario de Ciudad Real.
Además, el traslado de las Cortes a Madrid supuso otro duro golpe para el ideario liberal, pues los realistas comenzaron así a controlar la situación. Sumado al regreso de Fernando VII al trono, les permitió eliminar la Constitución y volver a implantar el absolutismo. El regreso del rey puso fin a la Guerra de la Independencia, pero también, momentáneamente, el viraje al liberalismo.

Fuente: Publico